 |
|

Versión imprimible
CÓMO EMPEZÓ TODO
En 1999 tuve el enorme placer de presentar mi primer cortometraje “Dreamers” (“Soñadores”)
en el festival de Berlín, donde obtuvo una Mención de Honor del Jurado. Gracias a John Hopewell,
periodista de Variety, pude conocer allí a Fernando Trueba y Cristina Huete que se encontraban
presentando “La niña de tus ojos”. John Hopewell comentó que le encantaban mis cortos e insistió a
Fernando Trueba en que tenía que verlos. Fernando me pidió que se los enviara a su casa en Madrid.
“Seguro que se lo dice a todo el mundo, para no quedar mal” – pensé yo.
Después del festival me volví a Madrid, y regresé a la rutina, como quien piensa que todo ha sido
un bonito sueño. Por supuesto, nunca envié mis cortos a Trueba. Una tarde de primavera me fui con
unos amigos al cine. A la salida, me fijé en un grupo donde había alguna cara conocida. Allí estaban
Fernando y Cristina. Fernando me riñó por no haberle enviado los cortos a su casa y me dio su dirección
para asegurarse de que esta vez no me escapaba. “Bueno, parece que el tío va en serio” – me dije a mí mismo.
Así que esta vez se los envié, y al poco tiempo me llamó para que fuera a verle porque los cortos le habían
gustado mucho (o al menos eso fue lo que me dijo).
Si cuento ahora esta historia de coincidencias, festivales, periodistas y encuentros a la salida de un cine,
es porque a día de hoy Fernando Trueba y Cristina Huete son los productores de “Bajo las estrellas”,
mi primer largometraje. No es que considere que esos encuentros fueran vitales para establecer la amistad
que nos ha unido desde entonces; simplemente lo cuento porque los recuerdo con mucho cariño.
Tiempo después Fernando Trueba me llamó un día y me pasó la novela “El trompetista del Utopía”
de Fernando Aramburu. Me dijo que en ella había un tono único, a veces lleno de humor, a veces
desgarrador, pero siempre dotado de ternura y de una extraña poesía. Trueba vio que había muchos
puntos en común entre esa historia y el mundo que había en mis cortos y mis guiones. Él pensó que
podía ser una buena opera prima, y se ofreció a producirla. Por supuesto, nada más empezar a leer
la novela caí enamorado de esos personajes tan geniales que giran en torno a nuestro Benito Lacunza,
protagonista crápula, desastroso y políticamente incorrecto, que acabará mostrando su enorme corazón.
Fernando Aramburu, autor de la novela, fue siempre increíblemente respetuoso con mi trabajo de
adaptación. Nos dio total libertad, no queriendo entrometerse lo más mínimo: “Félix, lo último que me gustaría
en esta vida, es ser recordado como un pesado”, me dijo.
Supongo que no es necesario añadir que producir hoy en día a un director novel es un verdadero acto de
valentía. Por si fuera poco, Fernando Trueba y Cristina Huete emprendieron la proeza de producir esta película,
dirigida por un novato y con un equipo joven que venía de los cortometrajes, con una asombrosa mezcla
de confianza e increíble generosidad. Por ejemplo, no se echaron atrás cuando este director novel les pidió que
hablaran con un genio como Enrique Morente para que interpretara el tema central de la película. He de reconocer
que tanta generosidad nos hacía dudar si nos lo merecíamos. “En esta vida no nos merecemos nada, amiguete,
- me respondió Trueba - lo importante es disfrutar”.
LOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA
Para dar vida a estos personajes tan únicos, tan marcianos y entrañables al mismo tiempo era
inevitable contar con uno de los repartos más excepcionales.
Rodar con Alberto San Juan es un regalo por la generosidad con que se vuelca hacia todos sus trabajos.
Estuvo siempre entregado y comprometido con la historia, con la tarea de crear un Benito Lacunza irrepetible,
cómico, pero al mismo tiempo totalmente verosímil y cercano… Tuvimos que esperar mucho para que
Alberto San Juan encontrara un hueco entre otros trabajos y compromisos y pudiera rodar nuestra película.
Esperarle fue una de las decisiones más sabias que he podido tomar como director.
Quizás Emma Suárez fue quien más enriqueció su personaje a la hora de hacerlo encantador.
La historia de Nines era la de una mujer castigada por la vida. Emma Suárez, con esa dulzura y candor
humano que da a todos sus personajes, hizo que nuestra Nines tuviera también una mirada de niña eterna,
una fragilidad de animalillo vulnerable que nos hace amarla cada vez más.
Los que conocen a Julián Villagrán saben que es un tipo genial, un sol de tío, y como todas las personas
de buen corazón impregna de humanidad todo lo que hace: Julián lograba que las excentricidades del
personaje de Lalo parecieran comprensibles, humanas. El peculiar sentido del humor de Julián hacía que
Lalo fuera todavía más adorable.
Y nuestra gran sorpresa fue trabajar con Violeta Rodríguez, una niña de ocho años con actitud
Absolutamente profesional hacia el trabajo. Hoy sigo recordando una imagen que me emocionó un día
de rodaje, mientras Violeta y Alberto esperaban juntos a que diéramos acción. Viéndolos ahí, preparados
en silencio, comunicándose con un simple gesto de mirada, vi una genial complicidad entre ellos, a pesar
de su diferencia de edad, de estatura, de pintas… Había algo en ellos dos que me emocionó, y pensé:
“Y esto lo hemos creado nosotros… Al igual que Benito y Ainara, son la pareja de amigos más genial
que he visto nunca”.
ENTRE EL “WESTERN INDUSTRIAL” Y UNA “ROAD-MOVIE A LA NAVARRA”
Con esta película nos embarcamos en la aventura de un antihéroe que vuelve casi como un forastero
a su pueblo en Navarra, y en su reencuentro con unos personajes a la deriva, una especie de náufragos
a los que la vida les ha dejado en lugares de paso. Por eso la historia debía ser como un western
contemporáneo.
Fábricas cerradas, carreteras secundarias, roulottes abandonadas… y personas que, como Nines, viven
en medio de ninguna parte. O como dice Benito, siempre tan único, “hay gente que tiene la manía de vivir lejos”.
La historia era una “road-movie a la navarra”, una película de carretera que mostrara el Norte como quizás
no se había hecho antes.
Para ello, tanto en la fotografía como en la dirección de arte o en el vestuario, establecimos una estética
Atemporal para la historia: podía haber sucedido hace veinte años, pero también pudo ser hace diez,
o hace pocos días… Esa atemporalidad hace que la historia sea también universal, como una fábula moderna:
todo el mundo se puede identificar con la lucha de nuestro protagonista por intentar enmendar su vida en
un momento tan crucial.
También para mí el rodaje era una vuelta a mis orígenes en Navarra. Por eso sentía que la película debía
mostrar unos paisajes cinematográficos totalmente novedosos. Un día de rodaje tuvimos una visita que lo
vio enseguida con claridad: “Esto es Navarra, aunque parece Arizona”.
Supongo que a todos nos fascinan las historias de tipos poco ejemplares, antihéroes que en un momento
Decisivo de sus vidas se dan cuenta de que deben hacer algo por los demás. De esta misma manera, nos
emociona ver a Benito Lacunza, un tipo desastroso, esforzándose por ayudar a esas personas a las que
quiere y que, en el fondo, forman su peculiar familia.
"Bajo las estrellas", mi primer largometraje, es el resultado de un intenso y bonito trabajo personal de estos
últimos dos años. Hemos querido volcar en esta película un universo único.
Esperamos que te guste.
Félix Viscarret
|